Margarita Andreu  /  Textos
Glòria Bosch Castellano
Gir

El pensamineto “siente” los límites de todas las cosas, mientras que la sensación “piensa” que todas son ilimitadas.
Rafael Argullol, El caçador d’instants.


La mente actúa a una gran velocidad, asócia, vincula, escoge.. Pensar imágenes visuales es contemplar todas las combinaciones posibles, una fuente inagotable de relaciones y asociaciones. Siempre estamos instalados en una red de posibilidades y éstos instantes son un grito de atención que nos atrapa de forma incondicional. Aquel “roze” que veía Ian Carr-Harris*, el roze que te permite empezar de nuevo a cada momento, donde aparece el instante fortuito, único y preciso. El camino está marcado por la luz, el color , el espacio... pero és aquel temps fugit, la suma y la superposición de instantes, la percepción del movimiento, lo que construye nuestros itinerarios para la vida. Éste transitar sobre la fragilidad de un instante que se deshace, insistiendo en el mecanismo mental hacia la potencialidad, porque Margarita Andreu juega con la mutación : la que viene de fuera y transforma la pieza (luz, color...) y la que se proyecta desde el mismo movimiento de la obra (absorver / reflejar). De hecho, a partir de un contenido real reduce a la abstracción y amplía las posibilidades de percepción.
Sus obras son espacios efímeros donde transita la luz y el tiempo, el caminante y quien espera...Son un paisaje humano, un entramado de relaciones humanas que construyen su memoria, y lo que interesa es la necesidad de captar aquello que se nos escapa en relación a la arquitectura, al objeto... Capturar el ritmo, el instante, que confluye en un itinerario marcado por los cambios continuados, aquel tránsito de ser en el tiempo que veia Saramago y la sutileza de un reflejo en constante transformación, porque el instante és en sí mismo un momento de luz, color, espacio, sombra... Una memoria humana de trayectos desarticulados en el tiempo, que no implican ningún tipo de estratificación o secuencia, a no ser que sea retener la memoria invisible del tiempo, la ausencia y el vacío que nos permite reconocer la fragilidad de un instante vivido.

Gir es lo invisible. La pieza és y no és. Una base permite la articulación del vidrio como una ventana móvil que, casi sin la percepción del límite, recorta con la máxima sutileza el acaecer. La apariencia es descriptible, pero nada es esta apariencia y con el movimiento se transforma a los ojos del espectador. El juego está entre la movilidad de quien observa y la obra misma. Hay que buscar en el fondo de la autora, en su ficción, en la idea de compartimentación, en el fragmento que también se convierte en ficción en la mente de quien observa. Es un visto y no visto donde te quedas con el instante que has dejado de ver. De hecho, todo es consecuencia del gesto, porque las imágenes visuales las enfocan, pero lo que aparece son formas y colores efímeros...La solución no está en la imagen concreta sino en las posibilidades, la multiplicidad potencial, en la capacidad mutante... y el resultado, siempre abierto, es la suma de todas estas imágenes.

Si volvemos a la pieza, vemos que se nos escapa y todo se convierte en un tramado hecho de superposiciones, de apariencias que retienen el instante entre la aparición sutil, frágil, y la desaparición, la auséncia...Gir es el tejido de relaciones humanas, este paisaje que se crea desde las transparéncias más neutras, desde la arquitectura interior como retícula, pero sin materialidad, sin el peso del volumen...Margarita Andreu aligera tanto los componentes de la obra que se convierte en arquitectura invisible hecha de atmósferas, una arquitectura no pensada para disfrutar lo duradero sino para absorver el tránsito del ser, del mundo y de las cosas. Gir es tan sólo un cuerpo que transforma el espacio, nuestro sentido de la percepción, nuestra relación con el espacio, y la construcción es un dibujo móvil.


Recinte

Me gustaría de vez en cuando, contemplar la existencia des del otro lado.
(...) Me gustaría mirarme desde fuera, pensando sobre mi con una mente externa.
Especialmente me gustaría “sentirme” a través de los sentidos del mundo.
Rafael Argullol. El caçador d’instants.


Planteada com repartidor de espacios, tiene sapectos comunes con Gir, como son la idea de apropiación del espacio y el hecho de ser también una pieza giratória.La diferéncia es que Recinte no tiene como objetivo reflejar sino absorver las imágenes como una pantalla y, a través del movimiento, hacer de filtro. Según la percepción hacia un lado y a otro, encontramos esta manera de quedar absorbidos por una piel antigua, este vidrio que encubre la idea de síntesis de piel.

Recinte atrapa el movimiento, la sutileza de la percepción, la transitoriedad...Los diferenentes instantes que confluyen hacen el dibujo de una obra librada –escapada entre lo que es formal y lo que no lo és, donde el recuerdo marca el límite entre lo visto y lo no visto, y la transparencia neutra del pasar, del caminar del espectador... Nuevamente la retícula, aquí el paisaje humano es imprescindible para articular y construir un espacio nuevo, cambiante. Todo sucede al otro lado, como si se tratara de un espejo, pero de hecho la percepción necesita disolverse en un diálogo a dos lados. Siempre hay un juego entre dos tensiones que pueden reducirse a esquemas abstractos, como sonsecuencia de un concepto racionalizador i geometrizante de la mente, y al esfuerzo para expresar el aspecto sensible de las cosas, las emociones, debido al fluctuar de las sensaciones. Hay la contradicción de querer explicar cada vez menos cosas dentro de una visión más abstracta, más pragmática, pero al mismo tiempo querer dar forma basándose en la idea de recuerdo. Cuando utiliza el vidrio, como es en el caso de Gir o Recinte, su capacidad de absorbencia nos da un puente entre el mundo mineral y la materia viva, y se convierte en aquel emblema calviniano de la perfección desde donde se accede a la invisibilidad.

En la obra de Margarita Andreu hay una confluencia de procesos. Tanto da hablar de instalaciones, escultures, fotografías, dibujos... Con la escultura dibuja y construye el espacio, crea atmósferas a través del vidrio y su transparéncia; con la fotografía también crea una superposición de atmósferas que se pueden perder detrás de una trama, como si desapareciesen las posibilidades de materializarse detrás del campo visual.

* Ian Carr-Harris Momentos en la obra de Margarita Andreu